Daddy’s in da box!
En los últimos días me propuse un ejercicio de contemplación y análisis, que seguro no tiene nada de original y que todos hemos hecho en algún momento de nuestras vidas. Mucho más si como yo vas redondeando peligrosamente hacia arriba los 20 y pico de años. El jueguito consiste en volver a ver toda esa pila de películas que vimos de pendejos, en esos chotisimos y entrañables VHS’s, y que para bien o para mal, nos educaron emocional y moralmente.
De que va esta cuestión? En primer lugar seguir la cándida falacia de “si funcionó una vez, debería funcionar de nuevo” y suspender todo prejuicio que nos indique que, habiendo tantas y tan buenas Películas, desperdiciamos el tiempo en cosas ya vistas, ya disfrutadas y ya almacenadas en algún lugar recóndito del upite de la memoria. En segundo lugar, never give up la capacidad de sorprenderse hasta con la más trillada de las ideas. Y por último, darse cuenta de que todas esas wasted hours de la niñez siguen teniendo un brillo, aunque a veces se extinga con la radiográfica mirada de repaso, que continúa explicando bastante bien las cosas que aprendimos a hacer a diario y las que no aprendimos a hacer y nunca aprenderemos.
Ayer vi Robocop (si quieren info accurated http://lmgtfy.com/?q=robocop) y fue exactamente como mirar la foto de una ex-novia del primario. No porque ella se haya parecido a Murphy at all. De alguna manera me sentí como lo opuesto a un pedófilo, un tanto repugnado
ante la realidad de haber encontrado algún atractivo en ese cuerpo excento de curvas, esas ojos de ternero de probeta y la sonrisa manchada con metales tan evidentemente indeseables.
Cómo llegué a esperar que caminará hacia otro lado para mirarle el culo? Porque muy probablemente el culo era lo más plausiblemente sexual para mi mente en aquél momento. “Culo” era de hecho todo lo que englobaba la palabra sexo. Mi imaginación, como la de un mono en experimento, se limitaba a formas básicas, el cuadrado dentro de la orificio cuadradro, el triangular en el triangular.. mutatis mutandis, la redondez de mi pija va en ese círculo que corona la baja espalda de las chicas.
La chica de Robocop, pelicorta, machona, decidida, pero SIEMPRE chica a fin de cuentas, fue otro bombazo a mi gusto pasado. Esa cara de just baked, leudada de hormonas, sumado a la política de TNT (Tetas No Televisamos), me hacen pensar que más de un puto de los 90′s se lo debemos a este modelo de mujer ochentoso, replicado en cientos de policiales en todos los formatos habidos y por haber (excepción a la regla: la Peleritti en Cibersix; putos shall not pass!).
Chica siempre chica al fin, deja a los maleantes balear tranquilos a Murphy, mientras ella se esconde detrás de unas estructuras de caño. En la primera escena de la película, la mina se carga a un tipo que pudo con 4 policías. En la segunda, se esconde cuál mujercita frágil e indecisa y no ayuda a su compañero. He aquí el modelo de mujer fuerte… pero no tanto, de los 80′s. Marche otro puto engañado.
Robocop es una captura de un videojuego. Y los videojuegos suelen tener un argumento linear. Aunque en esto no son nada originales. La épica griega fue la madre de toda aventura representada en elementos básicos (héroe, recompensa, némesis, trayecto, etc.) y lo sigue siendo. Clásicamente la épica incluye ese “flaw” típico del héroe, que termina por condenarlo a la derrota al final de su odisea. En esto, los videojuegos son un poco más originales, el héroe puede ganarle al destino, pero la humanidad del “flaw” esta vez está del lado del “lector/actor”, y por ende lo que pende de un hilo lógico, es la habilidad del jugador para sortear un argumento ya establecido; un sino digitalizado.
En Robocop, la secuencia en que mata a sus “asesinos” (en realidad el tipo no murió, pero tampoco la pasó muy bien) es tan pero tan clásica que aburre. Si fuera un videojuego, queda el sabor de colaborar en el camino, pero no. El subargumento sobre el poder y la corrupción en las altas filas de la seguridad era para la época “atrevido” por decir something nice. De todas maneras no la salva.
La película está llena de comics reliefs que realmente son una patada en las pelotas y que hicieron las delicias de mi yo niño. De hecho recuerdo haber comentado una y otra vez la escena del choro que le balean las bolas a través de la pollera de una mina. Solo por eso quizás la haya mirado en un primer lugar.
(continuará…)
(ahora!)
Robocop era un buen tipo. Familiero, enamorado de su esposa, con un hijo que lo admiraba, un casa de ensueño (ahí te das cuenta de que la peli no esta situada en Argentina) y un nuevo trabajo. Si, Robocop es un buen tipo, tan bueno como cualquier policía que le entra a patadas en el piso al pendejo de 13 años faneado que quizo ajustar a tu novia. Un ciudadano decente y comprometido con su labor. Como su jefe, el negro bonachón; el único con puesto ejecutivo que no es corrupto. Lo que se llama discriminación positiva: miren al negro cuán honesto es frente a estos blancos de mierda llenos de guita y de poder. Pobre negro.
Hay un robot malo, que es malo porque está mal programado. Pero según sus desarrolladores no tiene bugs, son excepciones no controladas. Hay también un jefe tan blanco y tan malo con la merca que mueve. Está el padre de That’s 70 Show haciendo de.. el padre de That’s 70 Show pero que mueve merca.
Una sola cosa rescatable: Murphy está en el horno. Está condenadísimo desde los primeros 10 minutos de la película. No importa cuánta sangre le reditúe la venganza el tipo está metido en un lata forever. Y si cuando lo transformaron le cortaron un brazo, me imagino que habrán prescindido de los demás miembros (Freud hubiera dicho que la escena de las bolas baleadas es el retorno de lo reprimido). Pobre Robocop.
Primer ejercicio completado. Lo que viene, lo que viene: Depredador.